Misión Trinitaria Seglar

Biografía

Un sabio nacido en una aldea

En el lugar de Seares de Abajo, municipio de Ames, provincia de La Coruña y diócesis de Santiago de Compostela, el 13 de septiembre de 1920, nació José Guerra Campos, primero de los siete hijos con que Dios bendijo al matrimonio formado por Vicente y Carmen.

 

Su hermana Dolores Guerra recuerda que “la vocación la tubo siempre”. Siendo él todavía pequeño jugaba con sus hermanos a celebrar Misa, haciendo él de sacerdote y sus hermanos pequeños de feligreses.
Ingresó en el seminario en el año 1931, cuando empezaba la República.

Su hermana Dolores cuenta cómo los vecinos le advertían a su padre que no mandara al Seminario a José. “Pero Vicente –le decían– ¿cómo te atreves a meter a tu hijo en el Seminario? Les van a cortar la cabeza a todos”. Pero él siempre respondía lo mismo: “no soy yo; es él quien quiere ir contra todo peligro y amenaza”.

 

Su expediente académico recoge las más altas calificaciones en todas las asignaturas, hecho que manifestaba ya tempranamente las dotes intelectuales que recibió de Dios y la seriedad y el rigor con que en todo momento se entregaba al cumplimiento de sus obligaciones.

De ahí que el Cardenal González Martín en la homilía que pronunció en la
Catedral de Cuenca con motivo de los funerales por Monseñor Guerra Campos afirmaba: “José Guerra Campos era un talento privilegiado. Yo recuerdo también aquella época en que explicábamos la religión en las Universidades Españolas diversos sacerdotes. Guerra Campos es de quien se hablaba más por la brillantez de sus exposiciones en Compostela y en el Seminario”. Tal era su fama que, como explicó el mismo Don Marcelo, en un Congreso al que asistieron un gran número de sacerdotes de toda España, Guerra Campos reunía, con mucha diferencia, al mayor número de oyentes, porque todos querían escucharle, lo cual, en su humildad, le resultaba incomprensible.

 

El historiador Vicente Cárcel Ortí en su libro “Pablo VI y España” (págs. 1035-1037) afirma de él que “era considerado por todos como uno de los Obispos mejor preparados del Episcopado español, dotado de extraordinarias cualidades intelectuales: aguda inteligencia, poder de análisis, claridad de exposición, buen teólogo y mejor filósofo, gran conocedor de las corrientes modernas del pensamiento”. Por ello no es de extrañar que fuera uno de los expertos elegidos para ser asesores del episcopado español antes del Concilio y durante su desarrollo, participando como perito en las dos primeras etapas del Concilio y posteriormente ya como obispo, como “padre conciliar”.

 

Así recordaba el Cardenal González Martín la actuación de Don José como
perito asesor de los obispos españoles en el Concilio: “Nos daba conferencias a los obispos sobre los temas que teníamos entre manos. Una tarde, por ejemplo, se manifestaba a favor de la colegialidad. Mañana con convocaba para exponernos la tesis contraria y nos decía: “ahora discurran ustedes y obren libremente. Ustedes son los obispos”. Así actuaba siempre en las cuestiones más difíciles que pudiesen presentarse”.

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